Salud cerebral
(Smith D. New York Times
enero 2026)
Para llevar una vida sana, es crucial tener un cerebro sano, con mejor agilidad y rendimiento pleno, lo que, a largo plazo, puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo, demencia o embolia.
Los comportamientos saludables básicos, como comer alimentos nutritivos y hacer ejercicio con regularidad, son la mejor manera de potenciar el cerebro y proteger la longevidad neuronal.
El descansar bien por la noche (de siete a ocho horas) está asociado con mejor memoria y otras capacidades cognitivas. Esto se debe a que el sueño, especialmente en el sueño REM, el cerebro transfiere los recuerdos de corto plazo al almacenamiento a largo plazo.
A lo largo de la noche, el sistema linfático del cerebro se pone en marcha, elimina proteínas anómalas y otros desechos moleculares, incluida la proteína amiloide, que contribuye en gran medida a la enfermedad de Alzheimer. Las personas que duermen menos pueden tener mayor riesgo de demencia.
El cerebro requiere de energía. Pese a que representa el 2 por ciento de la masa corporal de una persona en promedio, consume aproximadamente el 20 por ciento de la energía del organismo.
En estudio realizado entre casi 1000 adultos mayores a lo largo de nueve años, los investigadores de la Universidad Rush de Chicago descubrieron que las personas que comían más de nueve tipos específicos de alimentos —frutos rojos, vegetales de hoja verde, otras verduras, cereales integrales, frijoles, frutos secos, pescado, aves y aceite de oliva— y que comían menos carne roja, mantequilla y margarina, queso, dulces y frituras, tenían deterioro cognitivo más lento.
Basándose en estos resultados, los investigadores desarrollaron la dieta MIND (en español conocida como Intervención Mediterránea-DASH para Retrasar la Neurodegeneración).
Las nueces y los pescados grasos, como el salmón y las sardinas, contienen ácidos grasos omega-3, que son importantes para construir la protección que rodea a las fibras nerviosas encargadas de llevar la información de una neurona a otra.
Tanto los cereales integrales como las legumbres contienen gran dosis de fibra, que ayuda a la microbiota intestinal, con aumento de ácidos grasos de cadena corta, con ventajas cerebrales.
Las personas que hacen ejercicio con regularidad tienden a obtener mejores resultados en las pruebas de atención, memoria y funcionamiento ejecutivo. El beneficio cerebral es en parte gracias a moléculas de señalización especiales llamadas exercinas, las que se producen durante y después de una sesión de ejercicio, por los músculos, la grasa y otros órganos, las que ayudan a facilitar el crecimiento de nuevas conexiones entre las neuronas, la reparación de las células cerebrales y, posiblemente, el nacimiento de nuevas neuronas.
El ejercicio también parece mejorar el flujo sanguíneo en el cerebro, lo que aumenta el suministro de elementos beneficiosos a las células cerebrales, como oxígeno, glucosa y esas increíbles exercinas. Además, ayuda a eliminar más elementos nocivos, concretamente proteínas tóxicas, como el amiloide, que pueden acumularse y dañar las células cerebrales, con riesgo para Alzheimer.
Hay menos gente que fuma, y eso ha tenido un efecto realmente espectacular en la salud física, cerebral y cardíaca; la salud del corazón y la salud del cerebro están intrínsecamente relacionadas.
La hipertensión arterial, en particular, puede dañar las células cerebrales y es un factor de riesgo relevante para los accidentes cerebrovasculares y la demencia.
La salud bucal influye en la salud cerebral. Las bacterias que causan la enfermedad de las encías también se han relacionado con mayor riesgo de padecer Alzheimer.
La vacunación contra el
herpes zóster protege contra la demencia ( 20%).
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