jueves, 15 de abril de 2021

Uso de inhibidores de fosfodiesterasa y mortalidad por infarto del miocardio

 Hace unos años, un grupo sueco informó de que, tras un primer infarto de miocardio, los pacientes que habían tomado inhibidores de la fosfodiesterasa 5 para la disfunción eréctil tenían un 33 % de mortalidad menos que los que no habían tomado estos fármacos[1]. Ahora, el mismo grupo reporta que, en un grupo de más de 18 000 pacientes coronarios, los inhibidores de esta fosfodiesterasa tenían menos mortalidad, infarto recurrentes u hospitalizaciones, que pacientes tratados con alprostadil local[2]. Estos resultados vienen a confirmar que, administrados con las debidas precauciones, este tipo de fármacos para la disfunción eréctil no solo mejoran la calidad de vida, sino también la supervivencia.

 [1] Andersson DP, Trolle Lagerros Y, Grotta A, etc. Association between treatment for erectile dysfunction and death or cardiovascular outcomes after myocardial infarction. Heart 2017; DOI:10.1136/heartjnl-2016-310746.

[2] https://www.jacc.org/doi/10.1016/j.jacc.2021.01.045

lunes, 12 de abril de 2021

Si eres muy mayor hay más razones para hacer ejercicio que si eres joven

 Esta semana estando hablando con un “urgenciólogo”, por cierto que injusto que aún no exista esta especialidad, y hablábamos de “lo bonito” de cada especialidad. Él comentaba el uso de todo el conocimiento médico, de una buena realización de la historia clínica y el buen uso de las pruebas diagnósticas para llegar a un diagnóstico, y yo le comentaba que eso también se hace en geriatría. Creo además de forma mucho más difícil porque tenemos que valorar “la agresividad” de lo que hacemos.

Pero es que también tenemos una cosa “única” en el mundo hospitalario, como es el trabajo multidisciplinar, tanto en las unidades de agudos de geriatría, como en las unidades de recuperación funcional (media estancia, convalecencia o como queráis llamarlo), con un fin que parece tan poco “sanitario” como vital para las personas mayores. Y es que es todo un placer ver como distintos profesionales de distintas ramas (personal auxiliar, enfermería, medicina, terapia ocupacional, trabajo social, farmacia, logopedia, fisioterapia, rehabilitación…) trabajamos coordinados con un fin común, como es el de no sólo intentar que la enfermedad produzca el menor daño posible, sino intentar conseguir que la persona mayor vuelva a andar. Sin olvidar el aspecto emocional, mental y social, para intentar conseguir volver a casa intentando promover un envejecimiento saludable. Por cierto, del envejecimiento saludable y de cómo conseguirla os he hablado hace nada.

Pero para conseguir esto se necesita reconocer algo que es básico y fundamental. Y es, que la persona mayor no sólo no puede, sino que TIENE Y DEBE HACER EJERCICIO. Sé que ya os he hablado alguna vez de esto aquí mismo, pero de vez en cuando es bueno ser pesado y repetirse para no olvidar algo que es tan vital. Una muestra de esta importancia es el último examen MIR donde se reconoce esto. También hay que decir que visto lo visto con la famosa pregunta sobre la eutanasia tampoco es mucho decir que salga en el examen MIR.

la respuesta es fácil #menospastillasymaszapatillas

Pero más que fijarme en una pregunta de un examen, creo que es mejor fijarse en lo que dice el editorial de una revista que creo que nadie puede negar su gran importancia, como es el editorial de Izquierdo, Morley y Lucia de hace algo más de un año en el BMJ.

Y es que a falta de un medicamento “mágico” para mejorar la situación física de los mayores, sí que parece que el ejercicio físico funciona.

Este editorial nos recuerda que ya hace más de 30 años que se ha visto que el ejercicio de fuerza en los mayores de 90 años mejora la movilidad funcional, y los ejercicios combinados de fuerza, equilibrio y resistencia también son eficaces no sólo mejorando la movilidad, sino que también disminuyendo las caídas. Y no en jóvenes, sino en “chavalines” de alrededor de 92 años que viven en residencia. Y todo ello sin que se se produzcan problemas de salud o efectos secundarios como tantas veces ocurre con los medicamentos, y que tanto nos preocupan por sus consecuencias tan negativas a veces.

Pero es que no sólo hay que hacer ejercicio en domicilio o en la residencia, sino sobretodo en el hospital. Y esta creo que es una de las bases fundamentales de la geriatría. Pero no lo digo porque sí. Como bien nos recuerda este editorial, el ejercicio durante la hospitalización es básica para evitar la discapacidad iatrogénica nosocomial, deterioro funcional, inmovilidad o como quieras llamarlo. Y con ejercicio no se refieren a hacer pesas, que también, como bien demuestra el trabajo de Martínez Velilla también se puede hacer, sino algo tan difícil y sencillo a la vez como caminar y levantarse de una silla durante unos 20 minutos al día. Lo que sea con tal de no estar sentado todo el día como pasa, por desgracia, en muchas ocasiones, y más ahora con todo esto de la COVID. Esto tan sencillo parece que no sólo mejora el riesgo de inmovilidad y de acabar en una residencia, sino que también disminuye el riesgo de morir, tanto durante la propia hospitalización como tres meses después del alta.

Para aquellos que no quieran o no puedan realizar ejercicios este editorial nos recuerda la importancia de la estimulación neuromuscular a través de la aplicación de energía eléctrica intermitente de alta intensidad. Y es que hay dos estudios muy pequeños (con 16 y 40 participantes cada uno, como veis muy poquitos) que han informado de efectos beneficiosos sobre la fuerza muscular en adultos mayores de 80 años con fragilidad o hospitalizaciones prolongadas.

Sí que estos autores concluyen recordando que se necesita investigar más, ya que las intervenciones de ejercicio y el ejercicio imitando tratamientos como la estimulación eléctrica para los mayores, son “los grandes olvidados” en los estudios médicos. Pero es que además como dicen textualmente: “quedan preguntas importantes sobre la seguridad, la eficacia y la variabilidad inherente entre personas en respuesta al ejercicio. Comprender esta variabilidad es fundamental para identificar los mejores métodos de tratamiento (ejercicios simples v multicomponentes) e intensidad (ejercicios de resistencia de baja o moderada o alta intensidad) para preservar, e idealmente mejorar, la capacidad física en edades muy avanzadas.”

Y como decía el examen MIR, antes de recetar cualquier pastilla que se nos ocurra recetemos ejercicio. Es algo difícil tanto de recetar como de ser aceptado por muchas personas mayores como vivo diariamente. Pero aquellos que acaban haciendo caso y aceptan la receta del ejercicio, ya sea sencillo como el de levantarse, o ya más estructurado como los ejercicios de vivifrail, no sólo lo acaba agradeciendo, sino que también ven que mejoran en muchos aspectos.

Bibliografía

Izquierdo M, Morley JE, Lucia A. Exercise in people over 85. BMJ. 2020 Feb 5;368:m402. doi: 10.1136/bmj.m402. PMID: 32024635.

martes, 6 de abril de 2021

Avances en Medicina

 Compartido por WA por el Dr. Rodolfo de Jesús Palencia

La vacuna Pfizer-BioNTech protege adolescentes (Mandavilli A, Mar 31; Nature 2021)

La eficacia de la vacuna demostró ser muy adecuada, más que en adultos, sin infecciones sintomáticas en jóvenes de 12 a 15 años quienes la recibieron y sin eventos adversos.

Dr. Walensky, director de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC); en los EEUUA los menores de 18 años representan el 23% de la población (porcentaje similar a lo que ocurre en nuestro país; en México hay 37,504,392 jóvenes de 12 a 29 años de edad. Los jóvenes representan el 31.4% de la población total de México).

El estudio incluyó 2,260 adolescentes de 12 a 15 años, quienes recibieron dos dosis de la vacuna con 3 semanas de diferencia entre ambas. Los que recibieron la vacuna tuvieron niveles más altos de anticuerpos comparativamente con el grupo de 16 a 25 años.

Pfizer y BioNTech iniciaron estudio clínico con vacunación a niños menores de 12 años (5 a 11 años) y probarán ya la vacunación a los de edades entre 2 y 5 años, seguido de estudios en niños entre 6 meses a 2 años.

Moderna también está en la misma línea con vacunación a niños de las edades mencionadas. AztraZeneca empezó vacunación en el último mes para niños desde 6 meses.

 

Sistemas no tradicionales en edad avanzada (MikułaPietrasik J et al. Cell Mol Life Sci 2021; 78: 1275-304)

La edad se considera fenómeno con diferentes perspectivas, por su evolución y mecanismo, que tiene diferentes niveles de organización (individuos, población, órganos/tejidos, células, moléculas).

 El hablar de nivel celular o senescencia, lleva implícito degeneración y muerte, idea contraria al concepto de Alexis Carrel (“el ser humano plausiblemente es intrínsicamente inmortal”) y discutible para lo mencionado de “no senescencia de células cancerosas que proliferan indefinidamente”.

De las teorías mejor conocidas sobre la edad, están las de “altibajos” como ocurre en invertebrados, como las moscas con deficiencia de enzima antioxidante superóxido dismutasa, lo que aumenta el estrés oxidativo y acorta su vida, o en la levadura Saccharomyces cerevisiae en que la deleción del gen SOD acelera la edad y su sobre-expresión aumenta supervivencia; lo anterior, no se traslada tal cual a mamíferos como lo observado en el ratón Mus musculus (con genoma muy similar al del ser humano) y particularmente al ser humano que tiene razones para deterioro morfológico y funcional asociado a la edad que permite el incremento a la posibilidad de morir.

Los organismos pueden vivir por período extendido de tiempo sin signos de envejecimiento, sin embargo, mientras más viven, mayor es la probabilidad de morir, con más o menos deterioro evidente de su morfología y aptitudes físicas.

De los vertebrados más longevos, destaca el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) con supervivencia que alcanza 392 + 120 años, los que viven 2000 m bajo el agua a temperaturas de -1 y 10oC; esta especie tiene niveles altos de GPx (enzima glutatión peroxidasa) y bajos de proteínas carboniladas en eritocitos, que sugieren proporción benéfica de parámetros redox óxido reducción); a pesar de lo fascinante, no se han podido identificar los determinantes moleculares ni celulares, aunque es posible que la larga vida esté asociada a factores ambientales como depredación mínima.

Los autores de la revisión consideran que se reconocen mecanismos de potencial diferente magnitud que influyen en edad, longevidad y mortalidad como 1. Divisiones celulares, regeneración y senescencia; 2. Resistencia a cáncer; 3. Adaptaciones específicas y metabólicas; 4. Condiciones ambientales; 5. Signos asociados a reproducción y 6. Calidad de control y daño a macromoléculas; todo lo anterior contribuye a reparaciones de DNA y mantenimiento de telómeros (de cromosomas). Todo lo anterior que contribuye a longevidad y mortalidad, parece ser mucho más complejo y específico de especie.

 

Genoma del tiburón ballena con propiedades fisiológicas y genómicas a escala con el volumen corporal (Weber JA et al. Proc Natl Acad Sci 2020; 117: 20662–71)

El tiburón ballena (Rhincodon tipus), en peligro de extinción es el pescado de mayor magnitud y de los que más supervivencia alcanza, miembro del Elasmobranchii clade. Para caracterizar su genoma y rasgos biológicos, los investigadores secuenciaron el genoma de 83 de estos animales. El aumento de su supervivencia se correlacionó con su tamaño corporal y tasa metabólica basal, longitud de genes e intrones, con conectividades genéticas neurales más largas (incluyen genes de neurodegeneración, conectividad y actividad).

El tiburón ballena alcanza los 20 metros y 42 toneladas, con supervivencia de 80 años. Del estudio de su genoma, emergen a destacar la longitud del genoma (3.2 Gb), longitud de intrones y genes a escala con su tamaño corporal, algunos rasgos genómicos se relacionan a la tasa metabólica basal y la masa y temperatura corporales, mayor dimensión de genes neurales con mayor conectividad.

 

Más sobre mitocondrias extra-eficientes en deportistas de alto rendimiento (King A. Nature 2021; 592: S7-9)

Usain Bolt ganó la carrera de los 100 m en los Juegos Olímpicos de 2016 en 9.81 segundos y 42 zancadas y unos días después, Eliud Kipchoge ganó el maratón de 42 km en 2 horas y 8 minutos. Ambos depletaron su fosfato de creatina, molécula almacenada en músculo que genera energía, en pocos segundos, lo que forzó a la utilización de glucosa para proveer la energía (ATP) muscular.

John Hawley, fisiólogo de la Universidad Católica de Melbourne, Australia, así como David Hood científico mitocondrial, de la Universidad de Toronto Canadá, mencionan que las mitocondrias de estos deportistas se activan rápidamente para los requerimientos de lo explosivo de su ejercicio. Las mitocondrias son muy dinámicas, se unen y separan continuamente y son muy sensibles al entrenamiento; aumentan en 14 días luego de ejercicio sostenido. Bajo presión, el cuerpo promueve biogénesis, acelera la remoción de mitocondrias viejas y disfuncionales, promueve la generación de mitocondrias y cambia su estructura y función. Tales adaptaciones dependen del tiempo e intensidad de ejercicio y pueden observarse aún en personas sedentarias y de edad, posterior a entrenamientos físicos.

El cuerpo del atleta se aclimata a entrenamientos a alturas elevadas, aumenta su volumen sanguíneo, su cuenta de glóbulos rojos, el gasto cardíaco y permite al músculo captar oxígeno necesario y reforzar las mitocondrias, con incremento en su volumen en 6 a 8% al mes. También hay aclimatación similar cuando se entrena a temperaturas mayores; las proteínas de choque de calor están inmersas en esas adaptaciones y alcanzar mejor capacidad y algunas (HSP72) aumentan la síntesis de novo de las mitocondrias.

Investigadores por otro lado, han demostrado alteraciones mitocondriales en padecimientos como diabetes, obesidad y enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, además de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

 


sábado, 20 de marzo de 2021

El ejercicio aumenta en 8 veces la supervivencia en pacientes con COVID

 


Cardiología - Estudio del equipo de Cardiología del Clínico San Carlo

El ejercicio aumenta en ocho veces la supervivencia en pacientes covid

Las personas que mantienen una actividad física regular tienen más probabilidades de sobrevivir a la covid-19 que aquellas que son sedentarias.

Redacción

Sáb, 20/03/2021 - 17:00

La covid-19 es otra enfermedad que puede prevenirse con el ejercicio físico, según se desprende de un nuevo estudio que ha visto una peor supervivencia por esta enfermedad entre las personas sedentarias.

Un equipo de cardiólogos del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos ha estudiado a pacientes hospitalizados por covid-19 para concluir que mantener una actividad física regular aumenta hasta en ocho veces las posibilidades de supervivencia en estos pacientes respecto de aquellos que llevan una vida sedentaria.

El trabajo se ha llevado a cabo en 520 pacientes, de entre 18 y 70 años de edad, hospitalizados con diagnóstico confirmado de covid-19 en este hospital durante la primera ola de la pandemia, entre el 15 de febrero y el 15 de abril de 2020.

A los pacientes, o a sus familiares más allegados, se les realizó una encuesta telefónica para evaluar el estado de su condición física conforme a la escala RAPA (Rapid Assessment of Physical Activity Scale) de la Universidad de Washington, que mide la intensidad aeróbica del ejercicio físico así como la fortaleza muscular y la flexibilidad entre otros parámetros.

Los pacientes fueron divididos en dos grupos: el de personas que llevaba una vida sedentaria (57,1%) y el de personas que realizaba ejercicio de manera regular dos días a la semana con una duración de al menos treinta minutos cada día (42,9%). El objetivo del estudio consistió en analizar retrospectivamente la influencia que el nivel de actividad física podría tener en la evolución de la enfermedad durante la infección por covid-19.

13,8% de mortalidad frente a 1,8%

Los resultados del estudio fueron concluyentes: el grupo que mantenía una actividad física constante, ligera o moderada, presentaba un riesgo de mortalidad del 1,8% frente al 13,8% del grupo con un estilo de vida sedentario; es decir, que las personas que hacen ejercicio regularmente tienen hasta ocho veces más probabilidades de supervivencia que las sedentarias.

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Hasta ahora “era conocido que mantener una actividad física de manera regular mejora los factores habituales de riesgo cardiovascular, pero ahora hemos podido comprobar en pacientes hospitalizados con covid-19 la trascendental influencia de la práctica de ejercicio físico en la supervivencia o mortalidad de estos pacientes”, afirma el cardiólogo del Hospital Clínico San Carlos, y primer firmante del artículo, Ricardo Salgado.

Se viene recomendando “controlar los factores de riesgo y realizar ejercicio físico pero sin mucha evidencia científica; sin embargo, a partir de ahora realizar ejercicio físico de forma regular se convierte en un factor primordial ya que reduce ocho veces la posibilidad de fallecer por covid-19 cuando la persona precisa ingreso hospitalario”, advierte el director del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos, Julián Pérez-Villacastín.

De los principales hallazgos de esta investigación destaca que entre el grupo de las personas con un estilo de vida sedentario, comparado con el grupo más activo, había un mayor porcentaje de fumadores (6,7% por 3,6%) y de obesos (23,6% por 16,1%) respectivamente. También se observó en las personas sedentarias una mayor tasa de insuficiencia respiratoria (53,9% por 35,9%), mayor insuficiencia renal (14,5% frente a 6,3%), de síndrome de respuesta inflamatoria y mayor estancia hospitalaria.

“Cuando se realizó un estudio estadístico para reconocer los factores realmente independientes se apreció que tanto una edad avanzada como el consumo de tabaco y la insuficiencia renal eran factores de riesgo independientes de mortalidad, como ya se había visto en estudios anteriores; pero, lo que realmente fue sorprendente y novedoso fue observar cómo el sedentarismo aparecía como un factor predictor independiente de mortalidad”, explica Salgado.

 

viernes, 12 de marzo de 2021

Suplementos de Vitamina D y riesgo de cáncer avanzado

Un estudio publicado en línea el 18 de noviembre de 2020 por JAMA Network Open proporciona alguna evidencia de que este podría ser el caso.

Entre más de 25,000 hombres y mujeres, aquellos que fueron asignados al azar para tomar 2,000 unidades internacionales (UI) de vitamina D cada día durante un promedio de 5.3 años tenían casi un 20% menos de probabilidades que aquellos que recibieron un placebo de tener un cáncer avanzado. definido aquí como aquel que hizo metástasis (se diseminó desde el sitio del tumor original) o resultó fatal.


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sábado, 6 de marzo de 2021

Tratamiento de la enfermedad respiratoria alérgica en la era de la COVID-19: informe de EUFOREA

 

Glenis K S, Peter W H, Claus B, et al.

World Allergy Organ J. 2020 May 16;100124. doi: 10.1016/j.waojou.2020.100124. Online ahead of print.

La infección aguda por el CoV-SARG-2 (de la COVID-19) y el inicio de la rinitis alérgica estacional comparten algunas manifestaciones clínicas que se pueden confundir, en especial en quienes presentan los síntomas por primera vez. La tos y la fiebre son los síntomas más notables de la COVID-19, mientras que la conjuntivitis y el picor lo son de la rinitis alérgica. La anosmia repentina y completa puede ser un signo inicial de la infección por CoV-SARG-2, por lo que diferenciará la COVID-19 de la rinitis alérgica. Los equipos de expertos de EUFOREA elaboran un resumen de recomendaciones para las personas con rinitis alérgica estacional.

Puesto que el 44 % de la transmisión de la COVID-19 se produce a partir de personas asintomáticas, es importante vigilar lo mejor posible la rinitis alérgica estacional para disminuir síntomas, tales como los estornudos, la rinorrea o la tos, que pueden ser los causantes de la propagación del virus mediante la formación de aerosoles por aquellos que no se dan cuenta de que también padecen COVID-19.

Los expertos recomiendan iniciar rápido el tratamiento de la rinitis alérgica estacional y aplicarlo con regularidad durante la temporada polínica. Se deben evitar los corticosteroides sistémicos porque inhiben el sistema inmunitario. No existe ninguna contraindicación para el uso de corticosteroides intranasales, ya que no disminuyen la inmunidad y normalizan la estructura y función de la mucosa nasal. Los inhaladores para el asma deben seguir utilizándose como hasta entonces y administrarse de manera regular para mantener la estabilidad durante la temporada polínica. Los corticosteroides inhalados y las combinaciones de estos con broncodilatadores, agonistas β de acción larga, protegen frente a las crisis asmáticas producidas por virus y pueden tener un efecto beneficioso en la COVID-19. Asimismo, los pacientes con asma más grave o rinosinusitis crónica grave con pólipos nasales deben seguir tratándose con biofármacos para evitar el agravamiento de esas enfermedades. Si es factible para el sistema sanitario, se debe continuar la inmunoterapia específica con alérgeno (AIT, por sus siglas en inglés) en curso, siempre y cuando no se haya diagnosticado una infección por CoV-SARG-2 (COVID-19). No se recomiendan nuevos tratamientos con AIT, excepto la inmunoterapia sublingual, que solo requiere administrarse con supervisión.

En caso de infección por CoV-SARG-2, los pacientes asmáticos con exacerbaciones graves causadas por virus podrían necesitar corticosteroides orales. Los AINE, cuyo uso se sugirió evitar en todos los pacientes posibles, son vitales en casos de asma sensible a AINE.